Invernadero del Jardín Etnobotánico de Oaxaca recibe premio The Architect’s Newspaper
Invernadero del Jardín Etnobotánico de Oaxaca recibe premio The Architect’s Newspaper

Este proyecto resultó ganador de una competencia de más de 800 aspirantes.

El invernadero plantea reflexionar sobre la explotación de plantas y cactos, así como del uso del método conocido como enfriamiento geotermal.

El artista plástico Francisco Toledo y el Patronato para la Defensa y Conservación del Patrimonio Cultural y Natural de Oaxaca (Pro-Oax) recibieron el primer lugar en arquitectura verde en Norteamérica otorgado por The Architect’s Newspaper por el invernadero del Jardín Etnobotánico de Oaxaca (JEO) o el Pabellón Educativo de Orquídeas, el cual consta de 100 metros cuadrados y cuya estructura es principalmente de vidrio.

Esta «caja» fue diseñada por FGP Atelier, empresa con sede en Chicago y que es liderada por el mexicano Francisco González Pulido. El premio fue otorgado debido a «su flexibilidad, utilidad y desempeño en su exploración de la ecología. Un ecosistema totalmente autosustentable, el pabellón reta a los visitantes a considerar cómo podrían vivir de manera más ecológica. El pabellón, con una escalera central, que reúne el agua de lluvia y un sistema geotermal, tiene las condiciones óptimas para cultivar un rango diverso de especies al mismo tiempo que ser mínimamente invasivo a la comunidad de plantas alrededor».

Y es que de acuerdo con el director fundador de JEO Alejandro de Ávila, en su interior se pueden hallar plantas como cacao, vanilla, dioscorea composita, plantas epífitas como las orquídeas, bromelias, helechos, licopodios y algunos cactos «se usan tradicionalmente en Oaxaca para decorar las iglesias y los altares en las casas durante Navidad y Semana Santa. Su extracción masiva amenaza con llevar algunas de estas especies cercanas a la extinción».

Por ello, The Architect’s Newspaper  destaca que «la estructura es una herramienta interactiva para educar a generaciones futuras acerca de la vasta biodiversidad de la región y de inspirar la implementación de una arquitectura sustentable».

De Ávila indicó que este invernadero «propone educar al público local acerca de la pérdida de la diversidad de las plantas por medio de costumbres que no se pueden sostener en una ciudad que ha crecido de 50 mil a más de medio millón de habitantes en unas cuantas décadas».

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